Rebetzin Jaia Mushka Schneersn – RETRATO DE UNA ESHET JAIL 30 julio, 2015 – Publicado en: Jinuj, Judaísmo, Mística judía, Novelas

RETRATO DE UNA ESHET JAIL

Muchas veces la mejor forma de ilustrar el carácter de un individuo es por medio de incidentes personales. Particularmente en situaciones críticas, en momentos difíciles, se destaca y revela la esencia interior.

Cuando el Frierdike Rebe fue encarcelado en Kostrama, Rusia, en este momento crítico de la historia de Jabad se le dio a Jaia Mussia el enorme zejut de ir a asistir a su padre.

Mostró fortaleza de carácter, sensibilidad e inteligencia al lidiar con una situación que hubiera intimidado a cualquier persona ordinaria. Era joven en años, pero su habilidad para hacer frente a los adversarios era madura y responsable.

Unos años antes de su deceso, en Purim, la Rebetzn se cayó y se rompió el brazo. El dolor debe de haber sido muy severo y la situación atemorizante. Pero cargó con su dolor en silencio y no reveló su incomodidad y angustia: antes que preocupar al Rebe, que aquella noche estaría en el farbrenguen horas enteras, solicitó que alguien sirviera la seudá para que le fuera posible ocultar su brazo quebrado hasta que partiera su marido. Fue sólo en ese momento que accedió a ver a un médico. Ocultó su incomodidad personal con valentía para llevarle tranquilidad al Rebe.

Su profunda y sincera dedicación al movimiento de Jabad se exhibió con claridad después del Didan Notzaj. Su perspicaz respuesta a la pregunta significativa de la posesión de la biblioteca fue el factor crucial en el éxito del juicio. «La biblioteca le pertenecía al Frierdike Rebe —dijo—, y el Rebe pertenecía a sus jasidim».

Este concepto del Rebe perteneciente a sus jasidim era la fuerza que guiaba su vida. Un poder como el de un Rebe no está destinado a verse confinado dentro de una estructura familiar privada. Las aptitudes del Rebe, su fuerza y sabiduría únicas, están destinadas a compartirse con klal Israel, y fue este entendimiento lo que la Rebetzn percibió con profunda sabiduría y comprensión. Con un gran sacrificio personal, le brindó al Rebe la paz mental que le permitiera pasar largos días y noches con sus amados seguidores.

Una charla con la Rebetzn era siempre muy significativa. Tenía esa habilidad especial de sacar a relucir lo mejor de la gente. Los niños mostraban en su presencia modales apropiados. Los adultos aparecían con sus galas más refinadas, arreglados y con algo agradable o interesante que decir. Era una experiencia edificante con una luminiscencia que quedaba para siempre. La gente nunca se vestía bien para impresionar a la Rebetzn, sino más bien para complacerla. Con su naturaleza sensible, su profundo afecto por sus visitas, quedaba desdichada o apenada si alguien no se veía bien.

La Rebetzn hablaba muchos idiomas, pero de mayor trascendencia era su habilidad para comunicarse con personas diferentes en niveles diferentes. Podía vincularse con igual facilidad con el brillante talmid jajam y el niño. Les brindaba a todos su más plena atención y expresaba un interés sincero en el trabajo o estudio de los demás, levantándoles el ánimo con su estímulo y elogios. Los triunfos de ellos eran los triunfos de ella y las dificultades de ellos se convertían en el dolor de ella. Con su cualidad real, su presencia llenaba toda la sala. Había un aura alrededor de ella que abarcaba todo el hogar.

En Un Dia de Lluvia Puede Brillar El Sol

En Un Dia de Lluvia Puede Brillar El Sol

Nuestros sabios explican que toda persona tiene la habilidad de tocar, encender, activar a otro ser humano. Nuestros sabios siguen explicando que toda mitzvá trae luz al mundo, lo que nos permite ver que hay un creador. Las mitzvot que están directamente relacionadas con la luz, como las velas de Shabat o las luces de Janucá, nos proveen de un poder incluso mayor para reconocer al Creador y oír Sus instrucciones. Esto se aplica asimismo a un nombre. Todo judío puede tocar, encender o activar a otro judío. No obstante, el nombre Jaia implica una posibilidad y poder aun mayor para influenciar a otros.

Extraído de “En Un Dia de Lluvia Puede Brillar El Sol” – Editorial Bnei Sholem

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