Parshat Veetjanan – Lecciones prácticas que podemos aprender de las plegarias de Moshé 29 julio, 2015 – Publicado en: Educacion, Los cinco libros de la Torá, Midrash, Teshuva

Entre las lecciones que podemos aprender de las plegarias de Moshé se destacan dos:

1. A pesar de una vida al servicio de Hashem, Moshé no sentía que D-s debía cumplir con su pedido en recompensa. En su lugar, Moshé, presentaba sus plegarias en forma de petición y suplicas.

El más humilde de los hombres, Moshé, tenía claro que no importa cuanto una persona se esfuerce por Hashem, siempre está en deuda con el Todopoderoso.

Por ello nuestros Sabios dicen: “No reces en forma exigente; sino, implora a Hashem humildemente para que sea misericordioso, a pesar de tus deficiencias”.

2. Las intensivas plegarias de Moshé, que reanudó el día de su muerte (como se explica en parshat Vaielej), enseñó a las generaciones futuras a perseverar en las plegarias. Aun si la persona siente en forma literal o figurada que el filo de la espada ya toca su cuello desnudo, no debería decir, ¿Para qué seguir rezando?

Moshé siguió rezando aun cuando Hashem le había dicho claramente, “Te prometo que no llevarás a esta congregación a la Tierra”; aun cuando Iehoshúa ya había sido designado su sucesor; y a pesar de que Moshé ya había hecho su último testamento al distribuir el lado este del Iardén entre dos tribus y media. De esta forma demostró que una persona nunca debe decir: “Mi enfermedad es fatal, mi último testamento está hecho y mis posesiones distribuídas. ¿Para qué seguir rezando?

Ninguna plegaria será “en vano”, pues D-s no ignora la petición de ninguna criatura (aunque el peticionante no vea los resultados tangibles de inmediato).

El Rey Jizkiahu estaba gravemente enfermo y debía guardar cama, estaba más cerca de la muerte que de la vida.

El profeta Ieshaiahu entró y le anunció en Nombre de D-s, “Dale las instrucciones finales a tu servidumbre, porque estás a punto de morir. D-s ha decretado tu muerte no sólo en este mundo, sino para siempre; no serás revivido en tejiat hametim”.

Consternado, Jizkiahu, quien era un rey justo, preguntó: “¿De qué crimen soy culpable ante el Todopoderoso?”

Ieshaiahu le informó: “D-s te castiga por no haberte casado. Has trasgredido el mandamiento de ‘creced y multiplicaos’”.

Me abstuve de casarme por una buena razón, se defendió Jizkiahu. “Presagié que de mi descendencia no surgiría el bien; abandonarían las mitzvot de Hashem”.

No es de tu incumbencia entrometerte en los asuntos de Hashem le reprochó. Debiste cumplir con tu obligación, haberte casado y dejar a D-s hacer lo que Le parezca.

Si es así, respondió Jizkiahu, por favor acepta que me case con tu hija. Quizás nuestros méritos combinados abolirán la maldición decretada sobre mi descendencia.

Ieshaiahu no creía lo que había escuchado. Lo habían enviado para informar a alguien acerca de su muerte inminente y esa persona se propuso casarse con su hija.

No te entiendo, Jizkiahu, comentó. Vine para presagiar tu muerte.

Olvida tu profecía, Ieshaiahu, respondió Jizkiahu. Mis antepasados me han enseñado que un hombre jamás debe desesperar, ni siquiera cuando siente el filo de la espada desenvainada sobre su cuello. Que nunca deje de rezar, pues la misericordia de Di-s infinita.

Ieshaiahu se fue y el rey enfermo se dirigió hacia la pared donde percibía la shejiná, rezó desde lo profundo de su corazón mientras lloraba arrepentido por el mal que había hecho.

El profeta no había puesto un pie fuera del palacio cuando la Palabra de D-s le llegó: “Ve, dile a Jizkiahu: ‘He visto tus lágrimas y aceptado tu tefilá (plegaria) . Añadiré quince años a tu vida y te salvaré de tus enemigos’”.

Ieshaiahu fue reacio a regresar con ese mensaje. -Hashem- el oró, ¿cómo puedo contradecir la profecía que pronuncié hace algunos minutos? Jizkiahu me considerará un mentiroso.

No temas, apaciguó D-s a Ieshaiahu el es un tzadik y confía en que todas tus palabras son verdaderas.

Finalmente, Ieshaiahu aceptó entregar a su hija en matrimonio a Jizkiahu. Dos hijos malvados nacieron del matrimonio: Menashé, quien fue rey sobre Iehudá y realizó actos malvados y Ravshakai, quien fue apostata y colaboró con el rey asirio Sanjeriv contra los judíos.

Sin embargo, lo que Jizkiahu no había presagiado era que su hijo Menashé se arrepentiría al final de su vida y tendría un descendiente, el Rey Ioshiahu, quien fue tan justo que el profeta lo llamó un “precioso decorado de oro” (Ejá 4:1).34

El Midrash Dice Devarim tomo 5

El Midrash Dice Devarim tomo 5

Extraído de “El Midrash Dice Devarim – tomo 5” – Editorial Bnei Sholem

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