Mientras Abraham estaba sentado a la entrada de su tienda esperando recibir visitantes, aparecieron tres individuos 23 marzo, 2016 – Publicado en: Los cinco libros de la Torá, Torá

Mientras Abraham estaba sentado a la entrada de su tienda esperando recibir visitantes, aparecieron tres individuos. Corrió a darles la bienvenida y a agasajarlos en la forma más hospitalaria. Estos “visitantes” eran, en realidad, ángeles enviados por Hashem para cumplir misiones especiales en este mundo. Uno de ellos le informó a Abraham que en un año su esposa Sará daría a luz a un niño. El segundo ángel cumplió su misión, curando a Abraham el dolor y el malestar que le había producido la circuncisión (ver parshat Lej Lejá).

Había llegado el momento de que el tercer ángel cumpliera su parte: la destrucción de Sodoma y Gomorra. Di-s decidió que sería impropio no informar a Abraham de Su intención de destruir las dos ciudades. Cuando Abraham se enteró de esto, se despertó su misericordia y se dirigió a Di-s con una plegaria a favor de los habitantes de ambas ciudades, argumentando que los hombres justos no deberían ser destruidos junto con los malvados. Obtuvo, entonces, la promesa de Hashem de perdonar a la comunidad entera si se hallaran entre ellos por lo menos diez hombres rectos. No fueron encontrados. Dos ángeles llegaron a Sodoma. El primero, el mismo que había curado a Abraham, ya estaba allí para cumplir el resto de su misión y salvar a Lot y su familia.

El segundo estaba dispuesto a destruir la ciudad. Los ángeles informaron entonces a Lot que Di-s tenía la intención de destruir la ciudad. Sin perder un instante lo tomaron a él, a su esposa y sus dos hijas, y los ubicaron fuera de la ciudad. Les advirtieron que no se dieran vuelta para mirar la destrucción de esa urbe. Ellos serían salvados sólo por el mérito de Abraham y en consecuencia, no tenían derecho a observar el castigo de los demás. Luego Hashem derramó azufre y fuego sobre las ciudades de Sodoma, Gomorra y la planicie que las rodeaba. Toda el área fue destruida. La esposa de Lot desobedeció la advertencia de los ángeles: se dio vuelta para contemplar la destrucción y, como castigo, fue convertida en una estatua de sal. Transcurrió un año y Hazme recordó a Sará, tal como había prometido.

Tapa 1 BereshitElla dio a luz a un niño, al que Abraham llamó Itzjak, y lo hicieron circuncidar a los ocho días, tal como Di-s le había ordenado (ver parshat Lej Leja). También le prometió que Ismael sería padre de una gran nación. Hashem ordenó a Abraham que tomara su único hijo, al que amaba tanto, el hijo de su vejez, Itzjak, y lo ofrendara en sacrificio en la montaña de Moriá. Abraham no titubeó ni por un instante. A la mañana siguiente se levantó temprano, hizo los arreglos necesarios, tomó a su hijo y partió hacia el lugar que le sería revelado por Di-s. Al tercer día llegó a la montaña señalada. Abraham construyó el altar, ordenó la leña sobre el mismo y ató las manos y los pies de Itzjak. Luego lo ubicó en el altar sobre la leña, y alzó el cuchillo dispuesto a sacrificar a su hijo, cuando repentinamente se oyó la voz celestial de un ángel exclamar: “¡Abraham, Abraham!”, e indicarle que no tocara ni hiciera daño a Itzjak. Ahora era evidente, a todas luces, que Abraham era verdaderamente temeroso de Di-s y no había necesidad de sacrificar a Itzjak. Abraham encontró un carnero cuyos cuernos se habían enredado entre los arbustos, y lo sacrificó en lugar de su hijo. Hashem le prometió que por el mérito de su gran acción El lo bendeciría, sus hijos serían numerosos y sus descendientes heredarían las ciudades de sus enemigos.

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