Historia de la fila de los dólares 9 septiembre, 2015 – Publicado en: Judaísmo, Mística judía

No suelo ser una persona envidiosa, quizá por tener parte en una gran cantidad de actividades. Pero recuerdo con claridad una vez en la que me sentí llena de envidia: después del fallecimiento de la Rebetzn Jaia Mussia,envidiaba yo a los hombres que tenían la oportunidad de darle el pésame al Rebe y participar en los servicios de oraciones; yo sentía la pena del Rebe yle quería ofrecer consuelo y compasión. El Rebe entendía sin duda nuestros sentimientos y después de la shivá nos invitó a su casa de la calle President,y esa fue la primera vez que recibí un dólar.

La escena está aún en mi mente: el Rebe estaba de pie en su recibidor enun estrado que se encontraba frente a la puerta de entrada. Después de recibirel dólar, pasamos por la sala de estar y el sofá blanco me llevó lágrimas a losojos: un recordatorio de que en este hogar no había niños. En la antigua cocina había una pequeña mesa con dos sillas. Me eché a llorar, pues quedé invadida por la soledad del Rebe, ahora que su esposa había partido.

En Un Dia de Lluvia Puede Brillar El Sol

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El Rebe inició la Fila de los Dólares de los Domingos cuando tenía másde ochenta años, en el año 1986. Las filas se hacían cada vez más largas y los participantes eran representativos de todos los estratos de la sociedad: los jóvenes y los viejos; los ricos y los pobres; conocidos políticos y líderes, asícomo inmigrantes. Llegaban de todo el mundo: a veces esperando cuatro ycinco horas para aquel momento preciado de encuentro con el Rebe.

El Rebe declaraba que cuando dos personas se encuentran tiene que haber un buen resultado para una tercera persona. El receptor del dólar «especial» cambiaba, así, la tzedaká del Rebe y seguía la cadena de caridad con su propio aporte.

Una vez, cuando una mujer de la fila le preguntó al Rebe por qué se metía en aquella tarea agotadora y exigente, él respondió: «Toda alma es un diamante. ¿Es posible cansarse de contar diamantes?».