Criar hijos 21 marzo, 2016 – Publicado en: Educacion, Jinuj

La importancia del respeto por una misma Es un principio fundamental que una persona no puede amar a otros a menos que se ame primero a sí misma. Pero muchos dirán: «¿Cómo puedo amarme cuando tengo tantas falencias? ¿No es el amor propio una señal de arrogancia? ¿Cómo puedo inspirarme para mejorar si no me rebajo constantemente?».

Es cierto, la introspección es sin duda necesaria para identificar áreas de debilidad. No obstante, la vergüenza excesiva (es decir, la baja autoestima) lleva al desánimo, la ansiedad e, inevitablemente, a la hostilidad hacia otros, pues se procurará inculpar y avergonzar a otros en el grado en que uno se sienta avergonzado de sí mismo.

Sí, es correcto sentirse avergonzado de cualquier pecado consciente o acto deliberado de negligencia o falta de compasión. Pero no hay que sentirse avergonzado del propio ser, ni de nada que esté más allá del control personal, incluyendo el nivel de competencia, madurez o conocimiento propio o de otra persona. Aquello constituiría una vergüenza excesiva. Y la vergüenza excesiva nos distancia de otros, impidiéndonos amarlos: Sólo la persona que se sienta bien consigo misma por dentro será capaz de cumplir con la mitzvá de «Ama a tu prójimo como a ti mismo». (AHAVAT MAISHORIM, p. 109, VAIKRÁ 19:17) Debido a lo psicológicamente dañina que es la vergüenza excesiva, se les advierte a padres y maestros: Está prohibido humillar a un niño que sea lo suficientemente grande como para sentir vergüenza. (MITZVOT HALEVAVOT 4:5) Tal como Dios nos ama a pesar de nuestras imperfecciones, debemos así también amarnos a nosotros mismos y a los demás, a pesar de estar todos lejos de la perfección. Sin duda te notarás a veces con un humor horrible, resentida, egoísta y desanimada. Quizá te veas negligente, olvidadiza, desorganizada e impaciente. Notarás falencias similares en tus hijos y en tu cónyuge.

Cuando lo hagas, actúa como una fisioterapeuta y prescríbete a ti misma ciertos ejercicios espirituales que vuelvan a ponerte bien. No tienes que dejar de amarte a ti misma ni a los demás. Lo que más necesitas en un momento así es amor incondicional, un amor que acepte tus limitaciones con humildad, pero que te inste a volverte más de lo que eres capaz de ser. En una atmósfera así el desarrollo personal se ve maximizado. Mantiene el respeto por ti misma y por los demás no a fin de volverte presumida, dormirte sobre los laureles o engañarte a ti misma, sino para mantener la objetividad serena a medida que vayas descubriendo cómo abordar mejor la tarea de la mejora personal de toda la vida. Comprende que la parte Divina de una persona la impulsa natural y espontáneamente hacia el crecimiento, a menos que esté paralizada por la vergüenza, la culpa o el temor excesivos. En hebreo clásico, la palabra ósher [felicidad] proviene de la raíz de hacer progresos (Effective Jewish Parenting, p. 56). Esto sucederá automáticamente si tienes una actitud positiva hacia ti misma.

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