Cantaros de barro y vino 29 julio, 2015 – Publicado en: Educacion, Judaísmo, Talmud, Torá

Rabí Ieoshua ben (hijo de) Jananiá se encontraba caminando por un sendero que conducía
hacia el palacio del emperador. Aún los romanos respetaban a Rabí Ieoshua debido a su sabiduría y sus modales agradables. Cuando él pasaba los guardias inclinaban su cabeza respetuosamente. Ellos sabían cuánto el emperador estimaba al Rabí, y le permitían
pasar libremente.
Rabí Ieoshua estaba pisando levemente las lujosas alfombras rojas afelpadas, mirando fijamente las columnas esculpidas, cuando se encontró con la princesa quien estaba distraida examinando algunos macizos de flores.
La princesa examinó la figura del sabio con interés. “¿Cómo una sabiduría tan espléndida puede estar encerrada en un recipiente tan feo?” dijo riéndose.
Pero Rabí Ieoshua no respondió con enojo a sus palabras llenas de descortesía. Más bien, le preguntó serenamente: “Dígame, Su Alteza, ¿en qué recipientes guarda su padre, el emperador, sus vinos finos?”.
“En cántaros de barro,” respondió ella inmediatamente, preguntándose qué quería decirle Rabí Ieoshua. “¿En cántaros de barro?” repitió sorprendido “Pero así es como los  campesinos almacenan sus vinos. ¿Acaso no puede el gran emperador darse el lujo de tener recipientes más finos?”.

Pasaron el vino alrecipientes de oro y plata

Pasaron el vino al recipientes de oro y plata

La princesa estaba sorprendida. “En realidad, tiene sentido lo que usted dice” admitió
ella “¿Cómo sugiere usted que guarde el vino?”. “La familia real debería guardar sus vinos en recipientes de oro y plata, como es propio para su alta condición” dijo Rabí Ieoshua.
La princesa se dirigió inmediatamente a la bodega de vinos del rey. Miró despectivamente fila tras fila de cántaros enormes de barro, apilados en la húmeda bodega subterránea.
Esa noche ella le repitió a su padre la sugerencia de Rabí Ieoshua ben Jananiá, sin decirle quién se la dijo. El emperador siguió el consejo de su hija y ordenó a sus sirvientes que pasaran el vino a recipientes de oro y plata.

La nobleza romana se encontraba reunida con la familia real en un banquete. Las copas de cristal brillaban mientras el rico vino púrpura era echado. El emperador hizo tintinear los vasos con el invitado que se encontraba a su lado y probó el contenido de su copa. Luego, de repente hizo una mueca. Todos los invitados también hicieron una mueca de disgusto. ¡En vez del vino fino que esperaban de la bodega real, tragaron vinagre!.
El cocinero casi se desmayó cuando se dio cuenta lo que había sucedido. El escanciador del vino real fue convocado delante del emperador, quien le exigió una explicación.
El mayordomo olió el vino, lo probó e inclinó la cabeza. “Este vino se ha avinagrado”. Un sirviente salió a buscar otro vino distinto. Este también estaba avinagrado.
Luego el emperador se dio cuenta de lo que sucedió, el vino se avinagró porque lo sacaron de los cántaros originales. Se volvió hacia su hija muy enfadado, y le dijo:

El vino se había agriado

El vino se había agriado

“Dime, hija mia: ¿Quién te dio la idea de cambiar los recipientes del vino?”
“Rabí Ieoshua, el sabio judío” respondió la princesa humildemente.
“¿Rabí Ieoshua?” exclamó el emperador, sorprendido.
“¡Tráiganlo inmediatamente!”.

“Yo jamás creí” le dijo el emperador a Rabí Ieoshua “que un hombre como usted, quien es conocido por su sabiduría, pudiera haber dado un consejo tan absurdo”.
Rabí Ieoshua se defendió diciendo: “¿Por qué dice eso, Su Majestad, si yo simplemente le pagué a su hija con la misma moneda que ella me había dado?”
“Usted está hablando enigmáticamente. ¡Explíqueme lo que quiere decir!”.

“Muy bien, Su Majestad. Su hija preguntó cómo mi gran sabiduría puede estar contenida en un cuerpo tan feo. No tuve otra opción más que mostrarle concretamente que la Torá, como el vino, se conserva mejor en un recipiente sencillo. La prueba es que el vino que se guarda en recipientes de barro mantiene su sabor, mientras que el vino que se conserva en recipientes finos de oro y plata se vuelve avinagrado. Creo que la lección habla por sí misma”.

Relatos del Talmud Taanit - Tomo 4

Relatos del Talmud Taanit – Tomo 4

La princesa bajó su mirada avergonzada. “¿Pero acaso no hay sabios judíos bien parecidos?”
preguntó el emperador. “Hay” respondió Rabí Ieoshua “pero si fueran menos
bien parecidos, ¡serían más sabios aún!”.

Extraído de “Relatos del Talmud – Taanit” – Editorial Bnei Sholem

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