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Elkana enseña a Benei Israel a viajar al Mishkán
La Torá ordena que todo judío mayor de bar-mitzvá debe visitar el Beit Hamikdash (Templo Sagrado) tres veces al año - para Pésaj, Shavuot y Sucot.
En el tiempo de Elkana, no había todavía Beit Hamikdash (Templo Sagrado de Jerusalem). En vez, un Mishkán, una tienda para Hashem, fue erigida en Shiló, en la tierra del shevet (tribu) Efraím*.
El Mishkán permaneció en Shiló por 369 años, por todo el período de los shoftím, hasta el tiempo de Shemuel.
Era una mitzvá (mandamiento) viajar al Mishkán en Shiló para iom tov (días de fiesta). Sin embargo, en el tiempo de Elkana, la mayoría de los judíos no observaban esa mitzvá.
Una de las razones para esto puede haber sido que Benei Israel habían escuchado malos reportes sobre los kohaním quienes estaban allí a cargo de los korbanot (sacrificios). De hecho, estos kohaním no eran otros que los hijos de Eli, el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote), pero ellos no trataban la avodá (servicio) con el respeto apropiado.
Sin embargo, el tzadik Elkana no estaba buscando excusas para evitar la mitzvá de visitar Shiló. Cada año él viajaba al Mishkán para cada iom tov (y algunos Sabios explican que incluso emprendía la travesía una cuarta vez cada año, voluntariamente, a fin de ofrendar otros korbanot).
El sentía gran felicidad y alegría en cumplir esta mitzvá. Le daba una oportunidad de presentar sus respetos a su Señor, Hashem, visitándoLo en Su Casa. Sentía que oraba mejor en aquel lugar santo. También, allí podía encontrar a Eli, el Sabio de la Torá más grande de la generación, así como también a otros eruditos, cuya compañía él disfrutaba.
La ley de la Torá establece que mujeres y niños no están obligados a visitar el Beit Hamikdash. A pesar de eso, Elkana nunca fue solo; él siempre llevó a sus esposas y todos los niños junto con él. Sabía que todos ellos se beneficiarían de una visita al Mishkán; les ayudaría a servir mejor a Hashem. Asimismo, iom tov (festividad judía) es más agradable cuando la familia está junta.
Elkana también invitaba a sus hermanos y hermanas, junto con sus familias, para unírsele. Y así la familia siempre viajaba en un gran grupo a Shiló para iom tov.
Elkana aún no estaba satisfecho. Porque él amaba y valoraba tanto la mitzvá, quería que todos los judíos la observaran.
¿Cómo podía emprender el logro de esto? él se preguntaba. ¿Debería pronunciar discursos? ¿Enviar mensajeros? ¿Y qué si Benei Israel no tomaban sus palabras seriamente?
Si quisieras introducir a un judío a la mitzvá de Shabat, por ejemplo, y supieras que esta persona todavía nunca vio un Shabat del modo que debería ser observado, ¿qué harías? ¿Le explicarías todo acerca de él por muchas horas, o lo invitarías a tu hogar para que pudiera ver cuán hermoso es un Shabat que es apropiadamente observado?
La mejor cosa sería tenerlo en tu hogar y que él lo vea todo por sí mismo. Ninguna cantidad de charla puede lograr lo que la experiencia puede.
Elkana tuvo una idea similar. El vivía en Har Efraím, y el Mishkán estaba en la tierra del shevet Efraim, no demasiado lejos de su hogar. Mas Elkana ordenó a su familia, “ Viajemos por una ruta indirecta, de modo que pasemos a través de la tierra de más tribus. Quizás, si otros nos ven en el camino para hacer la mitzvá de visitar Shiló para iom tov, ¡ellos nos imitarán!”
Elkana y su grupo partieron para el viaje meses antes de iom tov. Cuando la noche cayó, Elkana dijo, “¡Nosotros acamparemos fuera durante la noche al descubierto!” Naturalmente, un grupo de viajeros alojándose en la calle despertaría la atención de la gente del lugar. En toda ciudad o villa donde ellos pasaron una noche, los judíos preguntaban, “¿Adónde viajan?”
Elkana acercaría a él a los hombres del lugar. El enviaba a las mujeres de aquel lugar a sus esposas y hermanas, para que ellas pudieran enseñarles todo acerca de esta mitzvá.
“Estamos en nuestro camino al Mishkán en Shiló”, explicaba Elkana. “La Shejiná (Presencia Divina) de Hashem descansa allí sobre el arón (arca),¡y vamos a servir a El allí! Miren a todos nuestros vecinos no-judíos -¡ellos tienen modos diferentes de honrar a sus despreciables dioses! ¿Por qué deberíamos nosotros los judíos, quienes servimos al gran Di-s vivente, solamente permanecer en casa en iom tov en vez de visitarLo en Su Casa? ¡¿No piensan que estoy en lo correcto?!”
Las esposas de Elkana hablaban de un modo similar a las mujeres judías que venían a hablarles.
Sus oyentes siempre respondían, “¡Tú estás absolutamente en lo cierto! ¡Es una verguenza para nosotros no observar esta mitzvá!”
“Bien, ¿cuál es el problema, entonces?” Elkana los alentaba. “Vayamos juntos. Los esperaremos a que empaquen. “¡¿Les gustaría unirse a nosotros?!”
Los judíos en aquella aldea comenzaban a hablar sobre la idea de viajar a Shiló. Varias familias decidían unirse al grupo de Elkana en el viaje.
El grupo continuaba creciendo más vastamente al proseguir viajando. Por todas partes,sus miembros difundieron la palabra de que estaban en su camino al Mishkán en Shiló y darían la bienvenida a cualquiera que deseara unirse a ellos. ¡Cuando Elkana finalmente llegó a Shiló, fue en la compañía de varios cientos de familias judías!
Al año siguiente, Elkana dijo a su familia, “¡Para este iom tov, vamos a utilizar una ruta diferente para que judíos de otras partes de Eretz Israel también alcancen a oir acerca de esta mitzvá!”
Otra vez, el grupo de Elkana acampó a la intemperie, y judíos en otras aldeas aprendieron que ellos habían estado descuidando una preciosa mitzvá. Una vez más, muchos se unieron a la caravana de Elkana.
Elkana mantuvo esta costumbre por muchos años. Al principio, cientos de familias emprendieron el viaje a Shiló. Más tarde, como la novedad se difundió, su número creció a miles. Eventualmente, todos los judíos una vez más observaron la mitzvá de visitar el Mishkán para iom tov.
¡Qué gran zejut (mérito) tuvo Elkana! No sólo él ciertamente influenció a Benei Israel para observar una mitzvá; él realmente causó que ellos se volvieran mejores judíos. ¿Cómo? Todo judío se benefició de visitar al Mishkán. Hubo algunos judíos quienes habían estado descuidando ciertas mitzvot; posiblemente ellos no sabían todos los diním (leyes). En Shiló, ellos encontraron talmidei jajamím (eruditos de Torá) y tzadikím quienes les hablaron y contestaron todas sus preguntas. Algunos judíos habían quedado retrasados en su estudio de Torá. Después de una visita a Shiló, se sintieron alentados para trabajar más duramente sobre esta mitzvá y lo intentaron más duramente.
Hashem dijo, “Elkana, tú solo has educado a todos los Benei Israel a mejorar su observancia de Torá y mitzvot. En ese zejut, Yo te daré un hijo quien se volverá un líder de la nación judía. El, también, educará a los judíos en Torá y mitzvot .*
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