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Ver introducción del libro
El escenario de la epopeya de los Pulichever se traslada a
la capital de los Emperadores Hamburgo en el año 5428
(1668) en “El Enviado de Viena” de Avner Gold, el séptimo
volumen de la continuante «Serie AMEINU ~ Nuestro
Pueblo». El libro está basado en los eventos históricos relacionados
con la amenaza de expulsión de los judíos de
Viena por el Emperador Leopoldo I. Con toda seguridad,
las amenazas de expulsión no eran nada nuevo en los turbulentos
anales de la comunidad judía de Viena, o en realidad
en las otras comunidades judías del Imperio Alemán
durante el medioevo, también llamado como “El Sagrado
Imperio Romano”. La crisis, sin embargo, provocó una
gran conmoción y desolación no solo entre los judíos que
no habían terminado de reponerse de la devastación de las
masacres cosacas y de la vergüenza del fiasco de Shabetai
Tzvi, como también entre los cristianos.
Numerosos factores explican la singular importancia que
ha dado la historia a este episodio. Uno de ellos es el tamaño
de la comunidad de Viena, mucho más grande que cualquier
otra comunidad alemana judía que haya sufrido la expulsión.
Pero tal vez lo más significativo fue el nuevo espíritu
que invadió a Europa después del Renacimiento, cuya
consecuencia fueron las horrendas guerras religiosas del siglo
diecisiete.
El mundo sentía que se avecinaba una nueva era moderna,
que estaba al borde de ingresar en una época sin precedentes
de razón, esclarecimiento y conquistas intelectuales.
Por primera vez en la historia, el derecho divino de los reyes
era cuestionado y subordinado a los derechos del individuo;
en Inglaterra, la “Gloriosa Revolución de Oliver
Cromwell”, aunque destinada a terminar en una tiranía
propia, había derrocado al rey en nombre del ciudadano.
El descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo en las
Américas había expandido los horizontes de la humanidad,
tanto territorialmente como espiritualmente. La ciencia, arte
y la filosofía florecieron como nunca antes, especialmente
en la corte de Luis XIV de Francia, el indisputado líder
de los monarcas europeos. Solo la fanáticamente reaccionaria
España se resistió a esta poderosa corriente de la historia,
y recibió a la segunda mitad del siglo diecisiete con
una serie de espectaculares “actos de fe” en los cuales muchos
cientos de “marranos” y otros herejes contra la ortodoxia
católica, fueron quemados en la hoguera.
El nuevo espíritu se expandió a toda Europa – desde el
Reino de Suecia al norte hasta Italia en el Sur, desde ambas
costas del Canal Británico a través de los multitudinarios
estados Alemanes hasta la lejana Polonia - con grandes beneficios
para los judíos y otras perseguidas minorías. No
hace falta mencionar que el profundo odio por los judíos,
alimentado durante siglos en las conciencias colectivas cristianas,
no desapareció. Solamente adoptó formas más
sutiles para adaptarse al nuevo espíritu. En este clima cultural,
el concepto de expulsión por causas religiosas era un
anacronismo bochornoso, y en consecuencia, los eventos
de Viena, la ciudad preponderante del Imperio Alemán,
fueron vistos con no poca incredulidad.
Además, el sistema bancario internacional y el comercio
internacional seguían siendo dominados por empresas judías
en esta coyuntura de la historia de Europa, y la presencia
de los judíos se consideraba casi un requisito fundamental
para que una nación pueda ir a la guerra. Efectivamente,
aún en España el sistema bancario era controlado por familias
marranas, y su continua persecución coincidió con la
declinación económica y militar de España durante el siglo
diecisiete. Desde ésta perspectiva, la propuesta expulsión
de los judíos de Viena fue considerada por muchos como
una absoluta locura política de un Emperador Hapsburgo
profundamente preocupado por el creciente poder de los
franceses.
Las acciones del Emperador Leopoldo I no son tan sorprendentes,
sin embargo, cuando se las examina en contexto
con los antecedentes de los emperadores Hamburgos y
la naturaleza del “Imperio”. Formado en 4722 (962) por
los sucesores de Carlomagno, el Sagrado Imperio Romano
incluía a los estados alemanes, Italia y los bordes occidentales
del mundo eslavo, y pretendía ser una entidad política
y administrativa que unificaría a Europa bajo la conducción
espiritual de la Iglesia Católica. En poco tiempo, los
emperadores y papas se vieron enredados en una tenaz lucha
por el poder que debilitó al Imperio. Además, los príncipes
alemanes comenzaron a elegir Emperadores débiles
que no trabarían su independencia. Eventualmente, se instaló
un sistema donde el Sagrado Emperador Romano era
electo por siete electores hereditarios – los arzobispos de
Cologne, Trier y Mainz, y los principados de Sajonia, Brandenburgo,
Palatinato y Bohemia – debilitando aún más el
cargo del Emperador. Por la mitad del siglo dieciséis, el imperio
había degenerado en una difusa confederación de pequeños
aunque bien gobernados estados alemanes y principados
independientes, con el Emperador ocupando el
cargo meramente simbólico de Rey de Alemania. Aunque
solo como un vestigio Medieval, se retuvo al imperio como
una fuerza unificadora simbólica para defenderse de los poderosos
franceses.
Los Hamburgos eran originariamente los Archiduques de
Austria. En el año 5033 (1273), el primer Hamburgo fue
electo Sagrado Emperador Romano, y después del 5198
(1438), con una breve excepción, solo los Hamburgos accedieron
al cargo de Emperador. Los Hamburgos, caracterizados
por su extremo fervor religioso y su desagrado por
las acciones militares, astutamente utilizaron la posición de
emperador para expandir los extensos territorios de la familia
archiducal, a través de la diplomacia y los casamientos,
hasta convertirse en muy influyentes y poderosos monarcas
por propio derecho. El Emperador Carlos V, unificó diversos
territorios incluyendo la mayor parte de Europa Central,
España, Holanda, Cerdeña, el Reino de las Dos Sicilias
y todas las posesiones españolas del Nuevo Mundo. Este
imperio resultó ser demasiado extenso para poder ser
controlado, y en el año 5316 (1556) abdicó y dividió el
Imperio entre su hijo Felipe II de España y su hermano
Ferdinando de Austria. A partir de ese momento, había dos
ramas de la familia Hamburgo, la Austríaca y la Española.
Miembros de las dos ramas contrajeron matrimonio entre
ellos en repetidas oportunidades, y permanecieron aliados
en el área de relaciones exteriores durante el próximo siglo,
hasta que los Borbones arrebataron el trono de España de
los Hamburgos. En consecuencia, aún cuando el espíritu
alemán del siglo diecisiete era más acorde con el de Francia
y los otros modernos estados europeos, los Hapsburgos
mismos favorecían más a las actitudes españolas y eran más
susceptibles a sus influencias. Esta era la situación que enfrentaban
los judíos al comienzo de nuestra historia.
Es importante destacar que aunque el “Emisario de Viena”
es una obra de ficción, los viajes del emisario describen
con bastante precisión los esfuerzos de los judíos de la
época, y numerosas auténticas figuras históricas aparecen
durante el curso del relato. Estas incluyen a Yehuda Leib
Winkler, Hertz Coma, Enosh Fraenkel, Yitzak Manoel Texeira,
Emperador Lepoldo I, Emperatriz Margarita Teresa,
Melchior Kollonitsch, Reina Cristina, el Elector de Brandenburgo
y el General Sobieski.
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